Búscala, no dejes que se vaya, no permitas que cruce la puerta. Si la cruza, estarás perdida, no sabrás nunca más quién eres, te perderás dentro de ti misma.

Retenla, haz que se quede contigo, prométele que serás mejor, más paciente, más generosa, más respetuosa, más guapa, más alta…

Miéntele, dile que vas a cambiar, que todo será como ella siempre había soñado, que harás todo lo que te pida. Ya habrá tiempo para negociar los detalles.

Recuérdale porqué estáis juntas, el día que os conocisteis, lo bien que lo pasasteis en aquel viaje, las promesas que os hicisteis y que aseguró que nunca te abandonaría. Eso le ablandará el corazón.

Haz que se quede. A toda costa. A cualquier precio.

Porque si se va, si ya no vuelve, te darás cuenta de que eres toda de mentira; apenas un muñeco construido a su gusto, por y para ella.

Y tendrás que reinventarte, y tendrás que buscar a otra que te diga quién ser, cómo ser, qué soñar.

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Blanco

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