Has de leer lo que te escribo, lo he oído (amigos), lo he leído (Houllebecq), lo he pensado (cerebro).

¡Bienvenida al 2013! ¡Bienvenida al descanso!

El juego de la primera parte, ha sido de tus padres, te decían que estudiar te aseguraba un trabajo mejor, y lo hiciste.

La universidad te defraudó, porque no te sentías como los protagonistas en una película del mayo del 68.

Ahora acaba la primera parte, descansa con la crisis, descansa de salir con amigas que calibran su autoestima si ligan. Sin carpeta que forrar, se han convertido en agujeros para los chicos.

Para ti cada fin de semana, es una radiografía de otro, y las conversaciones son solo un control más c y un control más v.

Los conciertos son las nuevas misas.

Rezas a gritos letras de 5 tíos con conocimientos musicales, que expresan tristeza, alegría, historias que te pasan. Lo de Jesús no te pasaba.

Hay una chica que te gusta, no, más bien es una obsesión, porque no eres correspondida. Te miras a ti misma y esa obsesión se unta en la tostada, en el yogur, en la crema. Vomitas chistes pero tragas tristeza: “Cada día que amanece el número de tontos crece”.

Quieres ser feliz y graciosa de un día para otro. Quieres sentirte segura de ti misma. No tienes milagros, no crees en una sola cosa para luchar a saco por ella. O careces de valor.

Es fácil aprenderte una letra y cantarla junto con el cantante, porque en esa frase está el sentido de tu vida y todos y tú la coreamos: “Ya no necesito Dios y me falta amor.”

En los minutos del día, necesitas sentirte protagonista, explayarte en el show de los demás, invadir su silencio, empujarte a ti misma encapsulada a un tobogán ya de soledad.

Quieres cambiar y conocerte, decidir qué hacer con tu vida. Pero los semáforos, nunca paran. No paran los coches. Andas con lento paso.

Y quieres que te bese. Y quieres escribir todo lo que sientes por ella. Quieres regalarle botes llenos de lágrimas de risa. Quieres hacerla reír. Quieres que te haga pensar.

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En breve se inicia la segunda parte.

Ya no puedes andar más lento, respiras alquitrán de coches rutinarios de avenida rutinaria. Sientes vacío existencial en la camiseta que llevas.

Trabajas, pero no tienes niños.  El tiempo libre es demasiado libre y las vacaciones son una gran losa. Los compañeros dicen que firmes una hipoteca. ¿Una hipoteca es un entretenimiento de 4 horas todas las tardes?, les preguntas. Te miran como respuesta.

Tus oídos ensordecen con esa música de letras, que añoran un amor que no tienes. Sabes que has tenido amor y que esperas tener.

Has de vivir, ¿cómo? ¿para qué? Eso has de buscar. Se acaba el tiempo.

Ya empieza la segunda parte, es más rápida que la primera, el público, gente mayor vocifera: ¡no tenéis valores!, pero tú sabes que no serás un robot, que tienes sentimientos. El equipo rival son unos adolescentes-veinteañeros, tú tienes treinta, pero descubres que ellos son tus enemigos, su inconsciencia publicitada por optimismo es su camiseta.

Regateas contra uno que es líder por sus lecturas veraniegas:  “Mein Kampf” y el discurso de Kennedy preparado para declarar la tercera guerra mundial, pero que comenta que espera no ver la guerra de Siria.

Tú llevas un tercio de vida jugado, aprendiste de pequeña que los cordones puedes atarlos de dos formas diferentes y también que la justicia no existía. Así que desde pequeña supiste que había trampas. Y si un valor tan grande como la justicia no existe, mejor no seguir. Si el mundo fuera justo en África los niños no comerían moscas y nosotros no viviríamos tan de puta madre, esa indiferencia hace que el mundo sea injusto.

Mejor dejar a esos adolescentes-veinteañeros, que arrreglen el mundo, que vaticinen no guerras; a tu edad no sabes que ocurrirá, es simple: tienes miedo.

La grada grita: ¡La vida es una mierda!

Sigues jugando en contra. Empate.

Es tu gran final, tienes que parar esta vorágine de pesadumbre, puedes hacerlo…(puedo fallar ese penalti).

Café cortado cósmico

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